intercalaciones, especulaciones y espirales contra la máquina antropológica

Native species_Canelo : Foye (Drimys winteri), jardín de nativos, La Providencia, Traiguén .png
 

En geología se denomina intercalación a un tipo de roca que ha sido empujado hasta quedar situado entre estratos de otros materiales. Las rocas quedan, así, tejidas unas con otras. Kirsten Einfeldt y Daniela Wolf piensan de esta manera el volumen Land & Animal & Nonanimal (K. Verlag, 2015): como un libro en el que hacer visibles, a través de la intercalación,

entangled relationships and habitual distinctions in order to reimagine traditional fields of knowledge within the unstable context of the Anthropocene. When explored as intercalations, the presumably dialectical categories of nature and culture, human and nonhuman, subject and object, fact and fiction become transitional, layered narratives with porous, permeable, and shifting boundaries (VI).

Leí este libro hace ya cuatro años y, entonces, fueron otros conceptos, otros asuntos, los que llamaron mi atención. Ahora, en plena pandemia y después de asistir a la Conferencia #1 de Wallmapu ex situ, la idea de las intercalaciones vuelve a mi memoria con fuerza. Voy directa a este libro, y releo varios de los textos. Lo que ahora resuena para mí, además de las fuerzas que tejen diferentes materiales rocosos y las relaciones entretejidas y porosas en el contexto inestable del Antropoceno, es la máquina antropológica de Agamben.

La máquina antropológica del humanismo es un dispositivo irónico que verifica la ausencia para Homo de una naturaleza propia, manteniéndolo suspendido entre una naturaleza celeste y una terrena, entre lo animal y lo humano; y por ello, siendo siempre menos y más que sí mismo. […]
La contradicción […] que define la máquina antropológica […:] en ella está en juego la producción de lo humano mediante la oposición hombre/animal, humano/inhumano, la máquina funciona necesariamente mediante una exclusión (que es también y siempre ya una captura) y una inclusión (que es también y siempre ya una exclusión) 
(Lo abierto, 63, 75).

Nos construimos como humanos en la medida en que excluimos al resto de seres (animales, plantas, minerales, pero también espíritus) de nuestro mundo, de nuestro ambiente. Nos construimos separándonos. Y, al mismo tiempo, no podemos obviar el hecho de que estamos profundamente intercalados con el mundo; y que el resto de los seres con los que coexistimos nos afectan, así como nosotros, seres humanos, afectamos – de manera muy dramática desde hace al menos cinco siglos – al resto de seres.

Nos separamos, olvidamos. Y, sin embargo, “the forests of this world will beckon you to remember that their destiny is entangled with yours”, exhortan Anne-Sophie Springer y Etienne Turpin, inspirándose en Ursula K. Le Guin (The Word for World is Still Forest, XII). 

En Wallmapu ex situ, los seres de este mundo nos hablan de sus preocupaciones, de sus historias, de sus problemas, que son los nuestros. Son animales, plantas, libros, comunidades. Y estos seres nos interpelan desde diferentes tiempos y perspectivas. Temporalidades interconectadas que se nos presentan de forma no-lineal. Esas narraciones no-lineales que practican los seres participantes en Wallmapu ex situ tiene que ver con la concepción histórica del mundo indígena, como explica Silvia Rivera Cusicanqui:

No hay “post” ni “pre” en una visión de la historia que no es lineal ni teleológica, que se mueve en ciclos y espirales, que marca un rumbo sin dejar de retornar al mismo punto. El mundo indígena no concibe la historia linealmente, y el pasado-futuro están contenidos en el presente: la regresión o la progresión, la repetición o la superación del pasado están en juego en cada coyuntura y dependen de nuestros actos más que de nuestras palabras. El proyecto de la modernidad indígena podrá aflorar desde el presente, en una espiral cuyo movimiento es un continuo retroalimentarse del pasado sobre el futuro, un “principio esperanza” o “conciencia anticipante” (Bloch) que vislumbra la descolonización y la realiza al mismo tiempo (Ch’ixinakax utxiwa, 55).

Temporalidades, relaciones, historias y seres se tejen, des-tejen y re-tejen constantemente. En nuestro mundo y en Wallmapu ex situ. El proyecto encarna, así, una práctica de especulación historiográfica que, en el plano estético, se encuentra a medio camino entre la performance, la improvisación teatral y el live streaming –al que tan acostumbrados estamos a estas alturas de 2020–. Siempre con una aproximación, de alguna manera, lúdica a asuntos muy serios. Los seres participantes ensayan e improvisan en las conferencias al tiempo que crean nuevas narrativas y nos muestran subjetividades que generalmente no reconocemos en nuestra vida diaria. En Wallmapu ex situ, por un rato, quizá podemos escapar de nuestra mente humana.

El proyecto es, como digo, una práctica de especulación historiográfica pero, además, es una práctica política pues se rebela no sólo contra la máquina antropológica que nos separa del resto de seres, sino también contra la “máquina antropocénica” que extrae tanto recursos como conocimiento, y contra la mirada colonial que, aún hoy, es hegemónica. 

Wallmapu (territorio y proyecto) nos señala, así, que si queremos entender la complejidad del mundo –o los mundos– en el que vivimos, debemos abrir ojos, orejas y corazón a otras narrativas, a otras perspectivas, que –aunque nuestra mente antropológica no vea– también nos construyen. “The point, in short, –para concluir citando a Eduardo Viveiros de Castro– is that perspectives do not consist in representations (visual or otherwise) of objects by subjects, but in relations of subjects to subjects” (Cosmological Perspectivism, 77).




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